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miércoles, 19 de enero de 2011

Fuerteventura en Navidad

Ya hace prácticamente 20 días que volvimos de Fuerteventura, pero entre que nos quedamos unos días en Madrid para celebrar la Noche Vieja y Año Nuevo con la familia de E. y para quedar con amigos que normalmente no vemos, la llegada de nuevo a la ciudad en que vivimos y la vuelta a la rutina y al trabajo no he tenido tiempo para retomar el blog. Así que nada más empezar el año ya he fracasado en uno de mis propósitos de año nuevo: retomar el blog nada más volver de las vacaciones y no tenerlo tan abandonado como estos últimos meses, por suerte aún estoy a tiempo para cumplir con la última parte.

Las vacaciones en Fuerteventura fueron estupendas, en general hizo muy buen tiempo, salvo algunas mañanas que llovió pero luego siempre volvía a salir el sol y pudimos ir a la playa prácticamente todos los días.


Playa de los Gorriones

Mi familia y amigos nos decían que cómo podíamos ir a la playa y bañarnos si estamos en invierno y que hacía frío, pero la verdad es que para nosotros hacía un tiempo estupendo (una media de 24º a medio día) aunque si os fijáis en la foto de arriba, hay una pareja paseando con manga larga, quizás ese día hacía peor tiempo, ya que hacía viento. Por cierto, en esta foto sale la Playa de Gorriones, una de mis favoritas, es donde todos los meses de Julio se celebra parte del mundial de Wind y Kite surf.

A Fuerteventura llegamos el 17 de diciembre, que justamente es el cumpleaños de mi chico, así que después de invitar a mis padres a cenar en el restaurante italiano de mi pueblo, que es buenísimo, le di su regalo: un vale para un bautismo de buceo para 2 personas (también me lo autoregalé, jejejejeje). La cara de alucinado que se le quedó fue impresionante porque llevaba mucho tiempo deseando hacerlo y no se esperaba que se lo fuese a regalar porque yo soy un pelín miedosilla. El bautismo lo hicimos con el club Jandía Sub, la verdad es que en Fuerteventura hay docenas de clubs de submarinismo y podríamos haberlo hecho con cualquiera. Elegí éste porque no nos pillaba muy lejos y la inmersión era en las inmediaciones de mi pueblo, por lo que nos resultaba muy cómodo. A punto estuvimos de no hacerlo porque, aunque hacía muy buen tiempo, había temporal de mar con muchísima corriente y durante los primeros días los monitores nos recomendaron esperar. Cuando por fin parecía que el temporal estaba terminando nos llamaron y nos dijeron que ya podíamos ir al club para que nos explicasen las nociones básicas y hacer las prácticas en la piscina y después ¡al mar! Pero no fue así, ya que después de haber hecho las prácticas nos dijeron que aunque a simple vista ya había pasado el temporal, era mejor que esperásemos al menos un día, pues el fondo del mar estaba todavía un poco revuelto y no íbamos a ver nada. Al día siguiente, ya por fin, pudimos hacerlo y fue una pasada. Al ser un bautismo la inmersión no fue muy profunda, sólo unos 5 metros, pero pudimos ver bastantes cosas como sepias, pulpos y diferentes tipos de peces; incluso íbamos nadando todo el tiempo bajo un banco de pececillos. Los monitores nos sacaron algunas fotos para inmortalizar el momento y aunque no se lucieron nada porque son un poco malas, aquí os dejo una en la que salimos E. y yo de mano. ¡Ya estamos deseando volver para hacer el curso completo y que nos den el libro de buceadores!


Buceando por primera vez

También tuvimos tiempo para visitar el Islote de Lobos, que es un islote situado en el norte de la isla, entre Fuerteventura y Lanzarote. A pesar de haber vivido allí durante 17 años y de ir a menudo de vacaciones, nunca había ido y dijimos que de este viaje no pasaba. El trayecto en barco es muy cortito, no llega ni a los 15 minutos (pero previamente tuvimos que cruzar los 200 Km de largo de la isla, ya que mis padres viven el sur) y para quien no se maree en los barcos, viaje es entretenido porque parte de la planta baja está acristalada y se puede ir viendo peces. Para quien no lo sepa, el Islote o Isla de Lobos, es un islote completamente deshabitado, aunque en su día sí tenía una pequeña población que hoy en día es un Parque Natural y le debe su nombre al hecho de que en el pasado había muchísimos lobos marinos. Allí se tiene una sensación de paz y tranquilidad increíbles y se disfruta de una paisaje precioso. E y yo hemos dicho que la próxima vez nos quedaremos a dormir, ya que previo permiso al Cabildo de Fuerteventura se puede acampar en la zona habilitada para ello.

 Trayecto hacia el Islote de Lobos

Playa de la Concha, Isla de Lobos

Vistas a Fuerteventura desde Isla de Lobos
 
 El resto de las vacaciones nos quedamos en las cercanías de mi pueblo, disfrutando de la familia, comiendo muchísimo, yendo a la playa a dormir la siesta... no hicimos nada más especial pero también nos vino muy bien para descansar.

Por cierto, espero que tod@s hayáis tenido un fin de año estupendo y que este nuevo año haya comenzado todavía mejor.

jueves, 17 de junio de 2010

Desganada

Pues eso, que aunque ahora tengo algo más de tiempo porque vuelvo a estar en el paro, sigo un poco ausente de la blogosfera (ya lo habreis notado por las pocas visitas que os hago últimamente), pero es que aparte de estar estudiando mucho (aún no sé para qué porque no hay oferta de empleo público a la vista) estoy un poco desganada y vaga a la hora de postear y no será por falta de cosas que contar, como nuestra visita fugaz a Sevilla el mes pasado para la boda de mi primo a la que no nos apetecía ir pero en la que nos lo pasamos genial antes, durante y después de la boda, nos reimos muchísimo y me hizo muy feliz reencontrarme con tíos y primos a los que no veía desde hace mucho y dónde nos habríamos quedado más días si hubiesemos podido porque hacía tiempo que no lo pasabamos tan bien; o como la boda de los amigos de E, que también estuvo genial; o algunas escapadas que hemos hecho a la sierra; o la historia de cómo mi ex jefe no me renovó el contrato tal y como yo preveía basándose en mentiras; o como mi novio se ha vuelto loco y se le ha metido entre ceja y ceja que quiere comprar un piso... pero la verdad es que no tengo ganas de escribir, ¡lo siento! 


Espero que la motivación vuelva a mí, aunque mirándolo por el lado bueno, mi adicción a la blogosfera me quitaba mucho tiempo, aunque os hecho de menos y aunque no siempre comente, intento estar al día de vuestras "blogo-vidas".


Por ahora os dejo con un video de un cantante rapero que me gusta mucho (mi novio dice que le cuesta comprender cómo me gusta el rap porque no me pega nada, pero qué le voy a hacer, en el fondo un poquito de rapera sí que soy, jejeje). La canción se llama "Una vida por delante" y aunque está dedicada al hijo del cantante, creo que todos nos la podríamos aplicar.


jueves, 10 de diciembre de 2009

Tan distintos, tan iguales

El otro día yendo en el coche pusimos un CD de Manu Chao, y al oír la canción "Me gustas tú" retrocedí cuatro años.

Ibamos cinco personas en un coche camino de Innsbruck, un canadiense, un francés, dos surcoreanas y una española, todos cantando a pleno pulmón esta canción. En ese momento me di cuenta de que, a pesar de venir de distintas partes del mundo, de tener culturas y lenguas maternas dispares, ideologías y creencias diferentes, y también a pesar de nuestras distinciones físicas, no éramos tan distintos, sino que en el fondo éramos muy parecidos, y también me di cuenta de que si uno pone de su parte, no existen las fronteras de ningún tipo.



lunes, 19 de octubre de 2009

Kufstein

En algún post he comentado que me fui un curso de erasmus; fue en el curso 2005/2006 y el destino que elegí fue Kufstein, un pueblo/ciudad situado en el Tirol Austriaco y a una hora tanto de Munich como de Innsbruck:



Antes de empezar la universidad ya tenía claro que, si podía, quería pasar un año en el extranjero; pero cuando llegó el momento de hacerlo no me apetecía porque acaba de empezar a salir con mi novio y me daba miedo que la relación se enfriase por la distancia. Aún así decidí ir porque, por un lado, él me apoyó en todo momento para que fuese y, por otro, yo pensaba que si me iba siempre podría volver si no me encontraba a gusto, y si decidía quedarme, con el tiempo podría arrepentirme. Así que como no me apetecía mucho ir, fui sin expectativas, y por supuesto todo fue mucho mejor de lo que había imaginado. No puedo decir que fuese el mejor año de mi vida porque echaba mucho de menos a mi chico, aunque fue a verme muchas veces, pero sin duda fue el más divertido.

De entre todos los sitios a los que he viajado, sin duda, al que más cariño le tengo es a Austria en general y especialmente a Kufstein. Es un sitio muy especial, y lo que más me gusta de él es que se nota el paso de las estaciones (algo que nunca había visto hasta llegar allí) y en cada una de ellas hay algún tipo de actividad que hacer al aire libre ya que está en un valle rodeado de montañas. En otoño se puede hacer senderismo y buscar setas; en invierno, por supuesto, esquiar que es el deporte nacional austriaco; en primavera de nuevo senderismo y en verano disfrutar de los muchos lagos que hay a su alrededor.

 

Kufstein tiene muchísimos rincones preciosos como el paseo del río Inn, los miradores desde los que se ven vistas maravillosas como las de la primera foto y la calle Auracher Löcher, que al principio mis amigos y yo no sabíamos pronunciar su nombre y la llamabamos "the beautiful street".



La razón fundamental, entre otras razones menos importantes, por la que elegí Kufstein para pasar mi año de erasmus es que quería aprender a esquiar (sólo lo había hecho una vez) y sabía que había una estación de esquí, Söll, a diez minutos del pueblo. Además, en invierno el Ayuntamiento lo monta muy bien porque pone, a disposición de los habitantes, autobuses gratuitos para ir a la estación, que aunque no llega a ser tan impresionante como otras en los Alpes, está genial.



Sin duda, creo que no podría haber elegido un lugar mejor para pasar mi año de erasmus. Fue un año estupendo en el que hubo tiempo para todo: viajar, conocer más a fondo la cultura austriaca y por supuesto el país, esquiar, salir de fiesta, conocer gente nueva y también estudiar, que para eso iba. Pero sin duda si tengo que quedarme con una sóla cosa de esta experiencia sería los amigos de diferentes sitios que hice, que a día de hoy seguimos siendolo, y la bonita experiencia de vivir con algunos de ellos prácticamente 24 horas al día durante 10 meses.




martes, 22 de septiembre de 2009

Otoño

Ayer comenzó el otoño, mi estación favorita del año, entre otras cosas, porque en otoño es mi cumpleaños y en otoño conocí a mi chico, por lo que en esta estación tengo mucho que celebrar.

Para mí, al comenzar el otoño es como si comenzase un año nuevo, porque al igual que mucha gente, tengo asociado el inicio del curso escolar a un nuevo comienzo, aunque este otoño ya es el segundo que no empiezo ningún curso. Además, al comenzar esta estación tengo la costumbre de mirar hacia atrás, recordar todo lo que he hecho durante el verano y hacer un balance de éste.

Este año sabía que no iba a ser el mejor verano de mi vida porque me examinaba de la oposición a principios de septiembre e iba a tener que estudiar muchísimo. Aún así ha habido momentos para el disfrute y la diversión, aunque menos de los que me hubiera gustado; y también, por desgracia, momentos muy dolorosos, ya que la muerte nos golpeó de una manera inesperada y brutal, y aunque no le sucedió a nadie de nuestras familias, a mi chico le afectó, y le sigue afectando, muchísimo porque como dice un refrán, "los amigos son esa familia que puedes elegir", o algo así.

Pero bueno, después del post deprimente del otro día, hoy no quiero hablar de cosas tristes y he decidido que me quedo con lo mejor del verano, que han sido, sin duda los reencuentros. 

El primero de ellos fue a finales de junio en Cataluña, pues allí se casaba Matt, un amigo francés que conocí hace casi cuatro años cuando estuve de erasmus en Austria, y fue la excusa perfecta para reunir a casi todos los amigos que hicimos allí. Muchos no nos veíamos desde 2006 y fue genial volver a estar juntos; aunque no estabamos todos los que éramos y yo eché mucho de menos a mi querídisima amiga coreana Joohee, nos lo pasamos estupendamente y fue como si el tiempo hubiera retrocedido tres años y volviesemos a estar en ese pueblecito del Tirol donde pasamos algunos de los mejores meses de nuestra vida. ¡Estoy deseando que alguien más decida casarse y volver a repetirlo!

El segundo y último reencuentro fue en Agosto, cuando Marshall y su novia Perrin nos visitaron en Talavera de la Reina durante unos días. Marshall y yo llevamos siendo amigos dieciseis años, y aunque ha habido épocas en las que hemos mantenido menos el contacto, por falta de tiempo y a veces dejadez, siempre lo hemos vuelto a retomar y cada vez que nos hemos visto ha sido como si nos viesemos todos los días. Y es curioso que de todos los amigos que mi chico y yo tenemos, la primera visita que hemos tenido desde que vivimos juntos ha sido de unos de los amigos que viven más lejos, ¡nada menos que California!

Como ya he dicho, de este verano sólo me voy a quedar con los momentos más felices y como todos ellos han sido con amigos, y por supuesto mi amor que al mismo tiempo es mi mejor amigo, la palabra con la que quiero resumirlo es "Amistad". Y la imagen de este verano con la que me quedo es esta, de los alrededores de la Ermita de Santa Cristina, en Lloret de Mar, donde Matt se casó. (Realmente la imagen sería otra, en la que estamos todos juntos, pero como nadie sabe que tengo este blog y por ahora quiero que siga siendo así, no puedo pedirles permiso para sacarles aquí)








martes, 25 de agosto de 2009

Hay algo que nunca cambiará

Hace algo más de 25 años nací en una de las islas más orientales del Archipiélago Canario, también conocida como la Isla Tranquila, ya que es el lugar ideal para desconectar de todo y descansar. Viví allí hasta prácticamente los 18, cuando me vi obligada a irme de la que hasta ese momento había sido mi casa para poder seguir estudiando.

Recuerdo que la última noche antes de irme, cuando todos en casa dormían, salí a la terraza y al ver distintos sitios de mi pueblo me di cuenta de que prácticamente en cada rincón de él había pasado momentos que probablemente guardaré siempre en mi memoria y me sorprendió el pensar que nunca antes había mirado con tanto detenimiento ninguno de esos lugares. Al día siguente, al coger el avión que me llevaría a Madrid, dentro de mí había un cúmulo de sensaciones contradictorias; por un lado, estaba deseando saber cómo sería mi nueva vida en una ciudad tan grande, qué gente conocería, descubrir nuevos lugares y empaparme de todo lo que pudiese aprender...me iba con la maleta llena de ilusiones; pero por otro lado sentía muchísima pena por tener que separarme de mi familia, sobre todo de mis padres, a los que estoy muy unida, y de dejar a mis amigas de siempre.

Desde ese día han pasado casi ocho años, y aunque desde entonces he vivido en diferentes sitios, tanto fuera como dentro de España, hasta hoy sólo he considerado mi hogar a uno de ellos, Fuerteventura.