
Te ví por primera vez una tarde de verano en la que volvía con mi amiga L de la playa, nosotras subíamos las escaleras del mirador y tú, con un año recién cumplido, bajabas como una flecha mientras tu anterior dueña, Maribel, nos pedía a gritos que te parasemos, que te habías escapado e ibas detrás de una perrita en celo. En ese momento todavía no sabía que unos meses después pasarías a formar parte de mi familia porque resultó ser que Maribel era una muy buena amiga de unos amigos de mis padres y se iba de la isla y a pesar del dolor que le causaba dejarte, no podía llevarte con ella. Ella te adoraba y le costó muchísimo decidirse, pero después de muchas visitas mías y de mi hermana a su casa, de ofrecernos a pasearte cuando ella no pudiese hacerlo, de pasarnos tardes enteras viendo cómo eras de cachorro en fotos y vídeos y de que pasaras algunas noches en nuestra casa, se decidió por nosotros, aunque no las tenía todas consigo porque sabía que a mi madre no le gustaban los perros, es más, le dan miedo y temía que ella quisiera devolverlo a la primera de cambio.
Sin embargo nada de eso pasó, es cierto que a Mamá le costó aceptarte pero tú te la ganaste a base de paciencia y cariño. Al principio parecía que supieses que ella te tenía miedo porque ni te acercabas, es como si supieras que ese era su territorio y no podías pasarte de ciertas líneas invisibles. Pero a tí era imposible no quererte, y después de no mucho tiempo ella también cayó rendida a tus pies. Para ella fuiste más que un perro, fuiste su terapia contra el terror que sentía por los perros y más tarde, cuando A. y yo nos fuimos de casa a estudiar fuera, también fuiste su mejor compañía. Con el tiempo, ella sería la que más te consintiese.... yo creo que vivistes tantos años sin achaques gracias a la comida que ella te preparaba, como lentejas, pasta, arroz, huevos..... ya que siempre decía que lo que era bueno para nosotros, también lo sería para tí.... y así nos pasaba que te tenía tan mimado que luego no podías ni ver el pienso para perros, pero con esa mirada preciosa ¿cómo te iba a negar algo?
Papá te adoró desde el principio y tú a él, y eso que era él quien te ponía los límites y quien te castigaba en caso de que fuera necesario, que fueron muy pocas veces porque salvo un par de trastadas, siempre has sido un perro buenísimo.Él cada noche se acordaba de darte un trocito de queso o de lo que pillase en la cocina y cuando le tocaba a él sacarte te daba paseos tan largos que siempre venías con la lengua fuera pero con una cara de felicidad tremenda.
A. siempre quiso un perro, desde que tengo uso de razón la recuerdo pidiendo que le regalasen un perro y a tí te quería muchísimo, aunque ya sabes que las responsabilidades nunca han sido su fuerte y más de una vez se olvidó de sacarte. Aunque en su defensa diré que también era la más cariñosa contigo.
En cuanto a mí.... durante toda mi adolescencia fuiste como una extensión de mí. Allí dónde iba yo, también ibas tú. Te pasabas las tardes en la calle con mis amigas y conmigo, dando paseos interminables, sentadas en la playa al atardecer hablando de mil cosas, o en nuestro punto de encuentro... tú siempre estabas allí y siempre eras el centro de atención no sólo de nosotras, sino de cualquiera que pasase por allí, porque con lo guapo, bueno y cariñoso que eras, era imposible que alguien no se fijase en tí.
Yo creo que esos fueron tus años dorados, y tal vez también los míos, y tiempo después, cada vez que veías por la calle a un grupo de chicas jovencitas siempre te quedabas mirándolas como si te recordasen a aquella época.

Eras un perro muy especial, y no sólo porque fueras nuestro perro, sino porque eras buenísimo, prácticamente no ladrabas nunca, de hecho podría contar con los dedos de una mano las veces que te he oído ladrar en trece años; eras muy cariñoso, siempre que venía alguien a casa le montabas tal recibimiento que parecía que había llegado un ministro; eso sí, también eras cabezota, y un vaguete, tu hobbie preferido era ¡dormir! y bastante miedosete... a lo que más temías era a los fuegos artificiales y petardos. Aún así, fuiste el mejor perro que pudimos tener... como dice Mamá, estabas hecho a nuestra medida y ahora la casa está muy vacía sin tí y nadie podrá llenar ese vacío, pero al menos nos queda el consuelo de que te tratamos lo mejor que pudimos y supimos y que tuviste una vida larga y apacible.
Echaré de menos tu recibimiento cuando vuelva a casa y la mirada de penita cada vez que me veías comer algo, y también esos paseos larguísimos por la mañana. Te echaré de menos, Yakito lindo, pero espero volver a encontrarte en otra vida.